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"Sin accesibilidad no hay inclusión y sin inclusión no podemos ser ciudadanía de pleno derecho"

Leganés, 9 de julio de 2021. Vicky Bendito es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Desde el año 1993 ejerció como redactora de Tribunales, Sociedad y Parlamento en la agencia de noticias Servimedia, pasando en 2014 a formar parte del equipo de comunicación corporativa de ILUNION.

 

Como ferviente defensora de los derechos de las personas con discapacidad y de la mujer, esta profesional de la comunicación con síndrome de Treacher Collins fue una de las impulsoras de la petición llevada a la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados para que sea modificado el artículo 49 de la Constitución.

 

Concretamente, lanzó a través de la plataforma change.org la campaña “Soy sorda, no disminuida, aunque lo diga la Constitución”, que recogió más de 81.500 firmas. Una campaña por la que ha sido galardonada dos veces y que la ha llevado a entrar en el ranking Top 100 Mujeres Líderes 2020 en España, en la categoría de Tercer Sector e Impacto Social.

 

 

Pregunta: ¿Cómo puede repercutir el lenguaje mediático y la elección de términos oficiales en la sociedad a la hora de definir a grupos y personas?

 

Respuesta: En cómo las vemos, en cómo vemos el mundo. No se trata de blanquear la realidad ni de ponerlo todo color purpurina y decir qué bonito todo, qué guay, qué happy power flower. La actitud es importante, por supuesto, pero no estoy hablando de eso, estoy hablando de la precisión en el lenguaje. Las palabras pueden herir, para hacer daño, para consolar, para animar, para alegrar. Sirven para comunicarnos y las palabras que elegimos son esenciales. Insisto, no se trata de blanquear nada, no me refiero a lo políticamente correcto, en absoluto, se trata de llamar a las cosas por su nombre.

 

Con las palabras se puede ser condescendiente, paternalista, infantilizar, o mostrar respeto por la otra persona. No es lo mismo tullido, discapacitada, minusválido, retrasada, por ejemplo, que mujer con discapacidad, hombre con discapacidad, persona con discapacidad. Es la diferencia entre el asistencialismo, la caridad, la lástima y la dignidad.

 

El artículo 49 de la Constitución se refiere a las personas con discapacidad como “disminuidos” que necesitamos tratamiento y rehabilitación. Tratamiento necesitan las enfermedades y rehabilitación las lesiones. No es solo la palabra disminuido, es que está redactado desde un punto de vista médico y rehabilitador, y debe ser redactado desde el prisma de los derechos humanos, concretamente, conforme a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de Naciones Unidas.

 

Hay que ser precisos en el lenguaje y ahí los medios de comunicación meten mucho la pata, pues incurren en no pocas ocasiones a la cosificación y al paternalismo, a historias de superación o de lástima, cuando hay un amplio abanico de temas, desde la inclusión laboral, la accesibilidad el acceso a la salud, la violencia de género o la ‘discafobia’. En este sentido, es más que recomendable la Guía de Estilo sobre Discapacidad para Profesionales de los Medios de Comunicación publicado por el Real Patronato sobre Discapacidad. Es excelente y debería ser libro de texto en cualquier facultad de periodismo, incluso en cualquier colegio.

 

 

P.: ¿Qué medidas pueden tomar los medios de comunicación, de difusión y los propios usuarios para hacer que la información sea accesible a todas las personas?

 

R.: Informarse y aprender qué es la discapacidad, cuántas clases hay, qué barreras tienen. A la hora de difundir cualquier contenido, especialmente en medios de comunicación y eventos públicos, deben preguntarse quiénes no puede ver, leer o comprender ese contenido. ¿Este vídeo puede ‘verlo’ una persona ciega? ¿Qué soluciones hay? La audiodescripción. ¿Puede escucharlo una persona sorda? Aquí, normalmente, se recurre al subtitulado y se olvidan de la interpretación en lengua de signos, porque existe el mito de que todas las personas sordas conocen la lengua de signos o saben leer subtítulos, y no, por ejemplo. Esta guía ¿puede comprenderla cualquier persona? Pues no, hay personas con discapacidad intelectual que necesitan una versión en lectura fácil.

 

Requiere mucho conocimiento de la discapacidad, mucha empatía, y recurrir a expertos en la materia. No basta con colocar una rampa para que alguien con movilidad reducida pueda acceder a un local, por ejemplo, sino que es necesario que haya pictogramas, planos hápticos, bucles magnéticos, posibilidad de comunicación en lengua de signos, suelos podotáctiles y elementos de audioguía, por ejemplo. Si no, es un trabajo a medias. Por no hablar de la accesibilidad web. Por eso sería esencial, que no sé si existe, estoy pensando en alto, así que, corrígeme si me equivoco, una campaña potente de bonificaciones fiscales o de ayudas para la accesibilidad.

 

Es necesario que deje de verse como un gasto y se vea, no solo como una inversión, sino como lo que es, un derecho fundamental para las personas con discapacidad y una forma de hacer una sociedad más justa. Desde el punto de vista de las personas usuarias, es necesario que alcen su voz cuando se encuentren con una barrera que las discrimine y que lo denuncien, bien mediante una asociación, bien poniendo una hoja de reclamaciones o acudiendo a la Policía, pero hay que alzar la voz. Es muy difícil conquistar un derecho, muy fácil perderlo, y el de la accesibilidad es básico para nosotras, las personas con discapacidad.

 

Sin accesibilidad no hay inclusión, sin inclusión no podemos ser ciudadanía de pleno derecho. 

 

 

P.: ¿A qué retos y barreras se enfrentan aún los profesionales de la comunicación con discapacidad para desempeñar su labor o llevar a cabo su formación?

 

R.: Primero, a la accesibilidad en cualquier ámbito. Hay muchas universidades que no son accesibles físicamente o que sus contenidos y herramientas de enseñanza tampoco lo son.  “Que te ayude un compañero” es la solución que ofrecen, cuando es la universidad la que debería poner los medios para que las personas con discapacidad no se queden sin estudiar la carrera que han elegido y donde han elegido estudiarla. Cuando tienes la suerte de ejercer, resulta que te convocan a una rueda de prensa en un lugar que no es accesible para ti, que tienes movilidad reducida y utilizas silla de ruedas, por ejemplo. Te mandan un documento en PDF y no es una versión accesible para ti, que tienes discapacidad visual. Hay unas declaraciones de alguien importante en la calle y no alcanzas a escuchar lo que dice, aunque te subes el volumen del audífono y tratas de leer los labios, tú que eres sorda.

 

Después, te encuentras con colegas, sobre todo al principio, que no son capaces de darse cuenta del hándicap que supone tu discapacidad, precisamente por esa falta de accesibilidad, hasta que poco a poco, después de abonar el campo acordándote de todas las dinastías de los compañeros y compañeras, haciendo mucha pedagogía, con naturalidad, sin lamentaciones, van aprendiendo lo que es la discapacidad y comprendiendo lo que implica. Entonces, las cosas empiezan a cambiar.

 

Por último, el trabajo. Exceptuando el ejemplo de Servimedia, son muy pocos los medios de comunicación que tienen profesionales con discapacidad. ¿Cuántas presentadoras de informativos con discapacidad conoces, por ejemplo? ¿Qué cantidad de periodistas con discapacidad has visto en alguna rueda de prensa, en algún corrillo con micrófonos? Las mujeres y los hombres con discapacidad estamos cada vez más presentes en las series de televisión, y eso es muy bueno, porque además son personajes que no están ahí por su discapacidad, sino por su papel en la trama. Pero la mayoría son ficción. La realidad es que no somos elegibles, que pocos medios de comunicación piensan en personas con discapacidad para ocupar vacantes en sus redacciones y con la idea de pagarles un sueldo digno.

 

 

P.: ¿Cómo ha influido el desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la inclusión social de las personas con discapacidad? 

 

R.: Muchísimo. Ha facilitado la vida de muchas personas con discapacidad, es una maravilla. Los teléfonos móviles incluyen opciones de accesibilidad que son una maravilla, cada vez se desarrollan más opciones de accesibilidad. Es impresionante. La accesibilidad es preciosa.

 

Pero la tecnología evoluciona muy rápido y cuesta dinero. No todo el mundo puede permitírsela. Nuestro poder adquisitivo, por el mero hecho de tener una discapacidad, es menor. No solo hacemos frente a nuestras obligaciones y facturas como cualquiera, sino que, además, hemos de hacer frente a una serie de gastos imprescindibles para nuestro día a día con discapacidad, ya sean unos audífonos, un tratamiento de fisioterapia o logopedia, o cualquier otro servicio que no cubre la Seguridad Social. Tenemos menos acceso al empleo y es más precario. Las personas con discapacidad estamos más expuestas a la pobreza. Deberíamos tener la posibilidad de acceder a esa tecnología sin que suponga un destrozo a nuestros bolsillos.

 

 

P.: Vivimos en la denominada Sociedad de la Información y nos encontramos ante una situación social y sanitaria particularmente relevante, ¿qué consecuencias puede tener para las personas con discapacidad la falta de acceso a la información en este contexto?

 

R.: Tremendas. En muchas ocasiones, de vida o muerte. En un contexto como la pandemia desencadenada por la Covid-19, toda la información debería ser accesible en todas sus formas, sin excusas, las 24 horas del día, en cualquier canal y medio. Muchas veces me pregunto cómo habrá sido vivir esta pandemia para las personas sordociegas que viven solas o con personas que no dominan o no conocen el sistema de comunicación dactilológico, por ejemplo. ¿Cómo habrán accedido a toda la información sobre el Coronavirus y las medidas adoptadas para frenar la pandemia? ¿Cómo se habrán enterado de su turno de vacunación? Me pregunto también por las niñas y mujeres con discapacidad maltratadas, que no han podido huir de su maltratador, que no han podido denunciar su infierno porque no conocían la app PORMÍ, por ejemplo, o porque son sordas y no conocían la app Alba, o Alertcops, o que no han recibido la atención debida porque los profesionales que las atendieron carecían de perspectiva de género y discapacidad. En este sentido, me parece muy interesante el ‘Protocolo para la atención a mujeres con discapacidad víctimas de violencia’, de Fundación CERMI Mujeres.

 

 

 

 

 

 

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